miércoles, 8 de mayo de 2013

¿Quién me dio esta nacionalidad?


A cuántos kilómetros de distancia puedo ser quien quiero ser. Ser por ejemplo, un hombre que a un territorio no deba pertenecer; dejar de resignificarse en cada nuevo lugar y poder ser sólo un ser.
Cuántos pasos hacia el norte, o hacia el occidente debo dar para perder mi identidad, descargar los estigmas que traigo en la maleta y caminar entre tierras con dignidad.
Este pensamiento que tengo en la mano puede no valer, téngalo usted y hágalo volar porque usted no es yo, usted no es de acá, usted es de otro lugar donde vale más.
Déjeme nacer en ese continente que no contiene, ser de un país de prosa.
Déjeme ser verbo, ni siquiera pido ser un sujeto, estoy pidiendo actuar, ser un acto de libertad.
Déjeme ser puntos suspensivos, reconocerme entre sus letras, entre sus diálogos, nuestros diálogos; no hablemos de aquí ni de allá, recreemos un no lugar, un vacío para transformar.
Déjeme ser una expresión que pueda usted leer, después de quererme conocer como un simple ser.  

domingo, 28 de abril de 2013

El amor en los tiempos del tú y yo


El amor ha sido esa historia que se construye entre dos: tú y yo,
la humanidad ha estado tras la búsqueda de un tú que complemente un yo.
Un tú que se deje besar, no con los labios, sino con ese impulso que nace desde el diafragma,
que se agita y se desboca, torrente inagotable de silencios ardientes.
Que al llegar la noche de un frío domingo esté un tú borrando las odiadas soledades que preceden los lunes, y se pueda amar.
Un tú en el que se puedan introducir los dedos, la lengua, los miedos,
que se pueda memorizar en el cuerpo, que pueda dejar su silueta en la estela de una saliva que va contando una historia a una piel ajena.
Un tú con el que pueda descubrir los otros yo, esos allá sentados en el fondo del pozo, ocultos,
y se ría,
y los acepte con sus incoherencias, con sus demonios.

Pero un momento…
Si yo soy yo para mí y soy tú para ti,
entonces tú y yo somos el mismo sujeto,
y no precisamente un loco enamorado, ajeno, externo,
aquel que pintó el amor;
sino por el contrario un tú muy yo, que se deja soñar,
y que en esa fría noche de domingo se puede abrazar, y se puede reír una vez más de las estúpidas caras del otro yo.
Entonces repentinamente, mientras corro hacia mi almohada aterrorizada por no encontrar un tú, caigo en cuenta que me he alejado de mí buscando un tú que soy yo;
y que los poemas de amor han tejido una apología de la soledad,
y vuelvo en mí, puedo volver a respirar,
ahora sí a construir esa sólida historia en la que nos aferramos tú y yo,
y decidimos amar. 

domingo, 24 de febrero de 2013

Él era mío y yo era suya

Él era mío y yo era suya,
llegamos con nuestros sueños rotos, con nuestros miedos vivos.
Sus recuerdos sangraban dolores que ocultaba,
y me besaba,
y me abrazaba,
desvaído,
como a quien le falta la fuerza para creer de nuevo,
y nos odiábamos por amarnos tanto.

Él era mío y yo era suya,
como dos almas que nunca se pertenecían,
que lo sabían y lo asumían,
por eso permanecían.
Como una fuerza incontenible de odio que los unía.
Eran dos almas opuestas ligadas a una risa ajena,
a una magia enferma,
destinados a un olvido funesto que se negaban.

Él era mío y yo era suya,
porque él era una soledad que acompañaba la mía.

sábado, 5 de enero de 2013

Acerca del año nuevo

Es verdad que si cada año estamos deseando las mismas cosas (prosperidad, éxito, salud, un trabajo estable, etc.) Es porque evidentemente algo anda mal.

Los deseos -cuando salen del alma- deberían realizarse y evolucionar; por lo tanto, si hemos deseado, a lo largo de la vida, un trabajo estable con un jefe que no sea negrero, una familia como las de Coca Cola, mejores ingresos para gastar cada día más dinero en un consumo estúpido impulsado por los medios, una esposa como de revista, un perro con pelaje brillante, una profesión exitosa que se obtuvo a partir de borracheras y porros, más amigos, más salud para no agotarnos entre sábanas, adelgazar, engordar, ser más lindos, tener más plata que el vecino, etc. ¿Qué ha pasado cada año que seguimos deseando lo mismo?

En mi opinión, después de ser los magnates de los deseos y haber aspirado fama, lujos y una vida hedonista, debemos evolucionar un poco (al igual que la tierra lo hace) y apagar la tele, cerrar la revista, desconectarse de la web 2.0 y desear lo que realmente necesitamos, ese día a día que calla bajo el ruido del consumismo, desear como: ser más humildes, fijarse en lo positivo (esto es de lo más difícil), reír a carcajadas, ser más estúpidos, leer más, cerrar la llave, disfrutar un trancón con buena música, decir lo que sentimos, apasionarnos más con lo que hacemos,  hablar más con los buenos amigos, dejar de poner «peros», besar más, respetar a mi pareja, perdonar, disfrutar la lluvia, el sol, tolerar a Uribe, a Petro, dejar de culpar por todo a los políticos (por mas hijos de puta que sean).
Para ser un poco más breve, deberíamos desear ser responsables de nuestra propia felicidad. Si somos tantos en el mundo ¿Por qué vivir y desear como si fuéramos uno solo?

miércoles, 3 de octubre de 2012

He vuelto con una confesión coyuntural.

La línea de mi electrocardiograma estuvo en descenso. Sentí que ya no subía, cada día estaba más lejos de teclear por lo menos tres renglones.
Así que me tomé el tiempo, más que prudente, para desperdiciarlo (perder el tiempo también hace parte del equilibrio). Fue entonces, cuando sentí esa ausencia de palpito que me llevó a buscar un punto ciego en mi vida, que me llevara a no pensar, a no reír, a no encontrarme.

De pronto, apareció como un destello angelical, fue sencillo, allí estaban los Protagonistas de Nuestra Tele (no hay nada que anule más la existencia que un programa tan carente de sentido), me dediqué a desvanecerme noches enteras -dos horas para ser exactos- en la delgada línea entre no hacer un culo y ser un culo, como se imaginarán escogí la segunda; olorosa, aplastada, decadente, en pocas palabras, una fiel televidente.

Entre la vida de la adoptada de Manuela, los sexys labios de Angélica o el estúpido saludo entre los hermanitos Edwin y Sebastián, nunca sentí incomodidad alguna, pues nunca me importaron y nunca me importé.

Al igual que el terror que usted, querido lector, debe estar sintiendo, la pequeña voz que tengo detrás de la trompa de eustaquio enloquecía, estaba aterrorizada y desesperada por hacerme reaccionar. Pero soy de depresiones recalcitrantes que no ceden ante la idea de superación. Por lo tanto seguí en descenso, fui constante, llegué a buscar en el periódico quién había sido el eliminado de la semana (qué vergüenza, cubro mi rostro), estaba cómoda, anulada.

Ahora digito tratando de resarcir el tiempo parpadeado frente a la pantalla, las horas infructuosas, el cuerpo desvaído; tal vez merezca siete latigazos y sesenta y cuatro aves maría, pero debo confesar que hay algo de satisfacción, ya que nunca imaginé que una programación tan fatua -como la nacional- resultara hasta terapéutica.

jueves, 3 de mayo de 2012

La Tierra Plana


Si se preguntan qué pasaría si la tierra fuera plana, Albina se los puede contar, pues ella pertenece a Monópolis, una tierra bidimensional.

En Monópolis es fácil no enredarse la vida, nada es un misterio, porque nada tiene fondo. Nada es una vecina que para Albina lo tiene todo, una casa ancha y larga, donde divinamente caben las dos expandidas con la herramienta deformar, nunca tocan un borde de la casa por más que el cursor las ensanche. Nada lo tiene todo, porque allí Albina encuentra los vestidos más bellos de Monópolis, vestidos que cambian su forma, su largo, su estilo, pero nunca su color, porque como lo dije al principio, en Monópolis es fácil no enredarse la vida, y allí todo es de un mismo color, el país del Mono-Tono.

En Monópolis un caballo es una cebra también, un camaleón es gemelo de una iguana, una manzana puede ser también un tomate o una cebolla cabezona sin querer puede estar en la lonchera de sus hijos. Acá no se encuentra matiz, pero sí tenemos a Martín, un joven el cual no sabemos si es policía, vigilante o marinero, pero lleva uniforme y saluda todas las mañana a Albina mientras hace caballitos camino al colegio.

En el colegio no pueden avanzar en fila india, a menos que se les mire de medio lado, los niños allá nunca se han comido un moco, pues sus narices no tienen fosas en las que se puedan acumular residuos. Desperezarse en sentido diagonal ha sido un sueño que se quedó en la utopía de todos los niños, jóvenes, adultos y ancianos de este lugar. Albina por portarse mal nunca fue al rincón, solo la ponían de espaldas en la esquina, jugar a saltar la cuerda siempre fue un reto, porque sólo se puede batir de arriba para abajo y al bajar la cuerda todos los niños quedaban aturdidos por el fuerte golpe que les daba el lazo en la cabeza.

Albina podría describir con exactitud la vida de cada persona de su barrio, y no precisamente por ser una comunidad compacta ni con un avanzado sentido de afecto al prójimo, el secreto está en que allí todos los días son iguales, Monópolis no solo es Mono-Tono, sino que también es monótono, cada día se repite con exactitud, lo que le ha dado el espacio para recorrer la vida a gatas de cada persona en su barrio.
Todos los días Albina despierta con el mismo pijama y el mismo desayuno, pero es su elección  digerirlo y salir a saludar a todo el mundo de la misma forma. “Cada día tiene un personaje protagónico” –Se dice Albina al espejo mientras se pone su uniforme- y con este pensamiento sale a encontrar nuevas historias, largas o anchas pero jamás profundas.  


viernes, 16 de marzo de 2012

Ideas organizadas son cosas de Punto Aparte

Era del Punto Aparte, recuerdo, estaba tan afligido por el rechazo social que decidió fundar su propia empresa, se había cansado de ser el último siempre, de tener que ir en la cola.  Quería ser protagonista, por lo tanto su proyecto debía estar enfocado en una buena causa social, en la seguridad social. ¿De dónde iba a sacar amor para tanta idea? Nadie nunca lo supo, simplemente, lo hizo.
Tuvo siempre un apoyo, alguien que siempre creyó con una fuerza incontenible en su arriesgado proyecto; Así fue como DosPuntos se encargó de promulgar y difundir éste novedoso proyecto.

A raíz de esto se despertaron frenéticas oposiciones, trifulcas en la plaza, en la iglesia, en la escuela, discernir el bien del mal fue imposible; Alguien tomó la batuta dentro de la empresa, fue Coma; ella se encargó del orden social, de mantener separadas las ideas opuestas y resarcir el daño que estaba haciendo tanta idea junta. Sin embargo, quien enjuiciaba los agravios era PuntoComa, conocía muy bien cuál era el distanciamiento que debían sufrir aquellos Peros y Objeciones con mayor cantidad de adeptos. Era de esperarse, que quienes no quisieran colaborar con PuntoComa pasarían a rendir declaraciones entre Paréntesis,  -Guión- era el interventor encargado del escrutinio en estos procesos. 

La empresa Orden Ideal tuvo una imponencia fulgurante, todos conocían su visión y la respetaban, era tan sincronizada, tan perfecta; para entrar debía primero superar el filtro de los Signos de Interrogación, luego recibir una cordial bienvenida de ¡las niñas de Admiración!, sus curvas y su carisma era lo que más agradaba al entrar allí, luego de esto quien atendía sus quejas, reclamos, condiciones y restricciones con detenimiento era don Asterisco, así la cadena de funciones volvía a comenzar.

Orden Ideal cumplió su propósito, organizar el caos y el rechazo al que venía acostumbrada la sociedad de las ideas.  

jueves, 1 de marzo de 2012

Instrucciones para dar cuerda a un reloj

Si usted desde ya es alguien: cumple citas, conduce el auto, carga con el aroma de su jefe en el cuello o debe sacar el perro; le sugiero que no descuide aquel residuo metálico, redondo, que se encuentra al lado derecho del reloj que carga en su muñeca izquierda.

Tal vez note que las manecillas de su reloj pierden vida, se tornan lerdas y pesadas, por su cabeza comenzarán a pasar las cuentas pendientes, el mercado que falta por hacer, la salidita con su esposa, amante o aquella amiguita que le parpadea con rapidez deslumbrante cada vez que le observa de lejos; piensa en el último pago y en cuanto falta para el próximo, buscando identificar unos pesos de sobra que le permitan comprar un reloj de reposición. ¡pero no se alarme amigo! tan sólo dirija su mano derecha a este pequeño tornillo que hasta hoy usted creía de adorno, y, ayudándose con sus dedos índice y pulgar, gírelo de seis a ocho veces hasta que él mismo se torne hercúleo y no ceda ante una próxima vuelta. Diríjase a la iglesia del parque -independientemente de la cantidad de pecados que lleve cometidos en el día- observe aquel ingente reloj ubicado en la parte superior central de la estructura y logre acomodar las manecillas del reloj de su muñeca imitando la hora que el santísimo indica.

Ahora probablemente note que mientras pensó en su próximo compromiso, sintió una angustia monetaria, giró un insignificante tornillo y plagió la hora divina; vivió durante quince minutos entre paréntesis, que aunque no hace parte del texto de su vida, su presencia es indispensable para su avance.

lunes, 19 de diciembre de 2011

El juego del Viene y va

(El siguiente es un escrito que hice hace un año exactamente, lo publico no por su profunda redacción, sino porque resultó ser un ejercicio interesante para mí)


No hay que ir demasiado lejos para poder  hallarle sentido a la vida, basta con mirar e interpretar.
El otro día pude ver, oler y sentir la incesante esencia del mar
Que como la vida misma viene y luego va,
No se trata solo de una grata experiencia con un agua sabor a sal,
Sino que hay que entrar en su juego del viene y va.

Ver en el mar un chispa de vida resulta un acto inteligente,
mirar la naturaleza con la piel y el corazón,
entender que en la vida cada instancia tiene su esencia sabor a mar,
y todo lenguaje va más allá del bien y el mal.

Como la vida hay olas que pasan de largo,
sólo basta un pequeño salto.
Otras que por el contrario dejan un sabor amargo,
llegan como una sacudida,
se trepan por la nariz,
y terminan con un ardor en los ojos.
Otras tantas, tratan de arrebatarse la ropa interior,
-suelen ser mis favoritas-
estremecen y sacan una bella sonrisa.
Hay olas que descontrolan,
que suben el sostén,
despeinan,
descubren las nalgas.
Hay olas que aturden.
Pero todas, absolutamente todas… vuelven al mar
pues hacen parte del mar,
tal vez se irán para arrebatarle una sonrisa a otro, o a otra,
o tal vez se vayan para no volver con la misma fuerza,
pero seguirán su rumbo, porque es su esencia,
y nuestra esencia, como humanos, como parte del mar, como parte de la vida
es saber estar dispuestos a recibir cada nueva ola,
y entender que en este juego todo viene, y todo va. 

jueves, 17 de noviembre de 2011

Como cuando eramos viejos

- La vida debería transcurrir al revés – pensé por pocos segundos antes de darme cuenta que dentro de la paradoja existente entre el sentir nostalgia por despedir la niñez  y el terrorífico pánico que despierta imaginarse entrando a la vejez, inevitablemente se estaba hablando de los mismo.

Si comenzara por contar mi vejez, diría que jamás callé, que no tuve que disimular un descaro, porque simplemente lo fui con libertad y crudeza, sin espacio para juicios, porque los de allá, los de afuera, ya dudaban de mi cabeza, reían con un asombro intranquilo mientras por dentro algo como un punzón les avisaba estar de acuerdo en cosas que por códigos sociales e intereses pecuniarios se veían obligados a consumirse por dentro.

Cuando fui vieja me sentí más persona que ahora sintiéndome joven, pues de anciana di rienda suelta a mis impulsos, me agoté tras el fingir, por ello me resarcía en la burla, en una inocente burla, demente, ilógica. Teniendo canas, me fue más fácil insultar la hipocresía, como también lo haré cuando pierda tamaño y comiencen a caer mis dientes. Siendo vieja me sentí tan torpe como ahora cuando callo, cuando lloro por dentro; así no fue antes, pues grité mis llantos, saboreé mis lágrimas dolidas… y jamás me sentí ridícula, es más, conoceré la ridiculez sentada en mi escritorio mientras busco entre papeles la forma de engordarle el bolsillo a los que para ese entonces cagarán sobre mi cabeza… ¡eso si me hará ridícula!

Es cierto, siendo vieja pude parecer un vegetal, parsimoniosa, frágil, de un lento proceder, fue esta la forma de comunicarme con la vida tras entender que realmente debí saborear cada paso, y es que en cada paso está la remembranza de lo que cada experiencia me trajo; de seguro así también seré cuando sea niña, torpe, directa, pediré ayuda, ofenderé de frente, empuñaré una ofensa tan sincera e inocua que solucionaré todo al extender mis labios dejando ver una sonrisa con el rostro un tanto tierno, un tanto ensoñesido, porque habré descubierto que simplemente debí sonreír más en mi época joven, en mi época estúpida.

Por cierto, puedo decir que la etapa más lenta de la vida es aquella en la que la megalomanía de sentirse enérgico no dejó percibir el tiempo en que se pasó de ser viejo a nuevamente ser un niño, porque ciertamente estamos hablando de lo mismo.