miércoles, 8 de mayo de 2013
¿Quién me dio esta nacionalidad?
domingo, 28 de abril de 2013
El amor en los tiempos del tú y yo
y que los poemas de amor han tejido una apología de la soledad,
domingo, 24 de febrero de 2013
Él era mío y yo era suya
Él era mío y yo era suya,
llegamos con nuestros sueños rotos, con nuestros miedos vivos.
Sus recuerdos sangraban dolores que ocultaba,
y me besaba,
y me abrazaba,
desvaído,
como a quien le falta la fuerza para creer de nuevo,
y nos odiábamos por amarnos tanto.
Él era mío y yo era suya,
como dos almas que nunca se pertenecían,
que lo sabían y lo asumían,
por eso permanecían.
Como una fuerza incontenible de odio que los unía.
Eran dos almas opuestas ligadas a una risa ajena,
a una magia enferma,
destinados a un olvido funesto que se negaban.
Él era mío y yo era suya,
porque él era una soledad que acompañaba la mía.
sábado, 5 de enero de 2013
Acerca del año nuevo
Es verdad que si cada año estamos deseando las mismas cosas (prosperidad, éxito, salud, un trabajo estable, etc.) Es porque evidentemente algo anda mal.
Los deseos -cuando salen del alma- deberían realizarse y evolucionar; por lo tanto, si hemos deseado, a lo largo de la vida, un trabajo estable con un jefe que no sea negrero, una familia como las de Coca Cola, mejores ingresos para gastar cada día más dinero en un consumo estúpido impulsado por los medios, una esposa como de revista, un perro con pelaje brillante, una profesión exitosa que se obtuvo a partir de borracheras y porros, más amigos, más salud para no agotarnos entre sábanas, adelgazar, engordar, ser más lindos, tener más plata que el vecino, etc. ¿Qué ha pasado cada año que seguimos deseando lo mismo?
En mi opinión, después de ser los magnates de los deseos y haber aspirado fama, lujos y una vida hedonista, debemos evolucionar un poco (al igual que la tierra lo hace) y apagar la tele, cerrar la revista, desconectarse de la web 2.0 y desear lo que realmente necesitamos, ese día a día que calla bajo el ruido del consumismo, desear como: ser más humildes, fijarse en lo positivo (esto es de lo más difícil), reír a carcajadas, ser más estúpidos, leer más, cerrar la llave, disfrutar un trancón con buena música, decir lo que sentimos, apasionarnos más con lo que hacemos, hablar más con los buenos amigos, dejar de poner «peros», besar más, respetar a mi pareja, perdonar, disfrutar la lluvia, el sol, tolerar a Uribe, a Petro, dejar de culpar por todo a los políticos (por mas hijos de puta que sean).
Para ser un poco más breve, deberíamos desear ser responsables de nuestra propia felicidad. Si somos tantos en el mundo ¿Por qué vivir y desear como si fuéramos uno solo?
miércoles, 3 de octubre de 2012
He vuelto con una confesión coyuntural.
Así que me tomé el tiempo, más que prudente, para desperdiciarlo (perder el tiempo también hace parte del equilibrio). Fue entonces, cuando sentí esa ausencia de palpito que me llevó a buscar un punto ciego en mi vida, que me llevara a no pensar, a no reír, a no encontrarme.
De pronto, apareció como un destello angelical, fue sencillo, allí estaban los Protagonistas de Nuestra Tele (no hay nada que anule más la existencia que un programa tan carente de sentido), me dediqué a desvanecerme noches enteras -dos horas para ser exactos- en la delgada línea entre no hacer un culo y ser un culo, como se imaginarán escogí la segunda; olorosa, aplastada, decadente, en pocas palabras, una fiel televidente.
Entre la vida de la adoptada de Manuela, los sexys labios de Angélica o el estúpido saludo entre los hermanitos Edwin y Sebastián, nunca sentí incomodidad alguna, pues nunca me importaron y nunca me importé.
Al igual que el terror que usted, querido lector, debe estar sintiendo, la pequeña voz que tengo detrás de la trompa de eustaquio enloquecía, estaba aterrorizada y desesperada por hacerme reaccionar. Pero soy de depresiones recalcitrantes que no ceden ante la idea de superación. Por lo tanto seguí en descenso, fui constante, llegué a buscar en el periódico quién había sido el eliminado de la semana (qué vergüenza, cubro mi rostro), estaba cómoda, anulada.
Ahora digito tratando de resarcir el tiempo parpadeado frente a la pantalla, las horas infructuosas, el cuerpo desvaído; tal vez merezca siete latigazos y sesenta y cuatro aves maría, pero debo confesar que hay algo de satisfacción, ya que nunca imaginé que una programación tan fatua -como la nacional- resultara hasta terapéutica.
jueves, 3 de mayo de 2012
La Tierra Plana
viernes, 16 de marzo de 2012
Ideas organizadas son cosas de Punto Aparte
jueves, 1 de marzo de 2012
Instrucciones para dar cuerda a un reloj
Tal vez note que las manecillas de su reloj pierden vida, se tornan lerdas y pesadas, por su cabeza comenzarán a pasar las cuentas pendientes, el mercado que falta por hacer, la salidita con su esposa, amante o aquella amiguita que le parpadea con rapidez deslumbrante cada vez que le observa de lejos; piensa en el último pago y en cuanto falta para el próximo, buscando identificar unos pesos de sobra que le permitan comprar un reloj de reposición. ¡pero no se alarme amigo! tan sólo dirija su mano derecha a este pequeño tornillo que hasta hoy usted creía de adorno, y, ayudándose con sus dedos índice y pulgar, gírelo de seis a ocho veces hasta que él mismo se torne hercúleo y no ceda ante una próxima vuelta. Diríjase a la iglesia del parque -independientemente de la cantidad de pecados que lleve cometidos en el día- observe aquel ingente reloj ubicado en la parte superior central de la estructura y logre acomodar las manecillas del reloj de su muñeca imitando la hora que el santísimo indica.
Ahora probablemente note que mientras pensó en su próximo compromiso, sintió una angustia monetaria, giró un insignificante tornillo y plagió la hora divina; vivió durante quince minutos entre paréntesis, que aunque no hace parte del texto de su vida, su presencia es indispensable para su avance.